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lunes, 11 de octubre de 2010

Restaurant des Gourmets, Rue des Canettes

henry-miller Abraham Rattner-1940 En una de sus primeras salidas para conocer París, poco después de su llegada en marzo de 1930, el escritor Henry Miller descubrió un restaurante en la Rue des Canettes, cerca de Saint Germain des Prés. Era un lugar sencillo y no muy limpio al parecer, con polvo en el suelo y moscas incluso en invierno. “En el Restaurant des Gourmets tengo una excelente comida por doce céntimos, incluyendo vino, mantequilla, pan y servilleta “1.

Retrato de Henry Miller, por Abraham Rattner, 1940.

Henry Miller estaba encantado con este humilde restaurante y su acogedora clientela, muchos de los cuales eran estudiantes. “Era uno de esos deliciosos lugares donde te daban una servilleta y era tuya para toda la semana”, recordaba Miller, que pronto se convirtió en “un fijo” del restaurante.

Pero a pesar de su bajo precio, al cabo de varias semanas, llegó un momento en que Miller no pudo pagar su cuenta. Desesperado, se llenó de coraje para pedir crédito a los propietarios. “La gente no suele pedir este tipo de cosas en este tipo de sitios”. Pero aceptaron, sin más.

Madame Egal, propietaria del Restaurant des Gourmets, fue la primera de una larga lista de amigos que ayudaron a Henry Miller durante sus “años de perro” en París. Y, algo raro en Henry Miller, siempre se aseguró de pagar su deuda.

El “Restaurant des Gourmets,” al que se refiere Henry Miller, continuó funcionando hasta los años 50’.

La Denière valse- rue des Canettes-RDoineau 1949 La Denière valse, rue des Canettes

Robert Doisneau, 1948

Paris, musée national d'Art moderne - Centre Georges Pompidou

Pero comer y beber todavía es posible en el lugar que ocupó el Restaurant des Gourmets: El Café Six, un local con tres zonas que mantiene sus muros de piedra del siglo XVI.

 

El Café Six ocupa el lugar del antiguo Restaurant des Gourmets, en la Rue des Canettes
 PARIS 2010-b 784 1- Henry Miller, Letters to Emil, 24 (9 de marzo, 1930)

2- Henry Miller, “Paris Revisited,” Nexus, vol. 3 2006, pg. 5

lunes, 26 de julio de 2010

Juliette Greco: St. Germain Des Pres

Juliette Greco - St-Germain-Des-Pres

Gradiva, la bibliotecaria, Cyanhuro y compañía se van a dar un paseo por allí.... A la vuelta más.

Camille Alaphilippe -"La femme au singe"
Musee du Petit Palais

¿No es preciosa...?
Y la canción, también:
Il n'y a plus d'après
(Juliette Greco)
Maintenant que tu vis
A l'autre bout d'Paris
Quand tu veux changer d'âge
Tu t'offres un long voyage
Tu viens me dire bonjour
Au coin d'la rue Dufour
Tu viens me visiter
A Saint-Germain-des-Prés.

Il n'y a plus d'après
A Saint-Germain-des-Prés
Plus d'après-demain
Plus d'après-midi
Il n'y a qu'aujourd'hui.
Quand je te reverrai
A Saint-Germain-des-Prés
Ce n'sera plus toi
Ce n'sera plus moi
Il n'y a plus d'autrefois.

Tu me dis "Comme tout change!"
Les rues te semblent étranges
Même les cafés-crème
N'ont plus le goût qu'tu aimes.
C'est que tu es un autre
C'est que je suis une autre.

Nous sommes étrangers
A Saint-Germain-des-Prés
Il n'y a plus d'après
A Saint-Germain-des-Prés
Plus d'après-demain
Plus d'après-midi
Il n'y a qu'aujourd'hui.
Quand je te reverrai
A Saint-Germain-des-Prés
Ce n'sera plus toi
Ce n'sera plus moi
Il n'y a plus d'autrefois.

A vivre au jour le jour
Le moindre des amours
Prenait dans ces ruelles
Des allures éternelles.
Mais à la nuit la nuit
C'était bientôt fini
Voila l'éternité
De Saint-Germain-des-Prés.

Il n'y a plus d'après
A Saint-Germain-des-Prés
Plus d'après-demain
Plus d'après-midi
Il n'y a qu'aujourd'hui.
Quand je te reverrai
A Saint-Germain-des-Prés
Ce n'sera plus toi
Ce n'sera plus moi
Il n'y a plus d'autrefois.

lunes, 19 de julio de 2010

Rue de l’Odéon: Sylvia Beach y Adrienne Monnier

La americana Sylvia Beach (1887-1962) se llamaba en realidad Nancy y era una de las tres hijas del reverendo Sylvester Woodbridge Beach, doctor en Teología y pastor de la Primera Iglesia Presbiteriana de Princetown, New Jersey, conoció París por primera vez cuando ella tenía catorce años y viajó acompañando a sus padres.
Como a otras muchas mujeres de su época, Paris le marcó y soñó con volver. Lo hizo en 1917 y entonces… un día descubrió una dirección: A. Monnier, calle de l’Odéon, 7, París-VI. Sylvia recuerda en sus memorias que:
“Jamás había oído aquel nombre, ni el barrio de Odéon me era familiar, pero algo irresistible dentro de mí me atrajo hacia el lugar donde iban a sucederme cosas tan importantes. Crucé el Sena y pronto me hallé en la calle de l’Odéon. Al final de la misma había un teatro que podía recordar a las Casas Coloniales de Princeton y, hacia media calle, en el lado izquierdo se veía una pequeña librería de color gris con las palabras “A. Monnier” encima de la puerta. Contemplé los atractivos libros del escaparate y, escudriñando hacia el interior de la tienda, vi todas las paredes cubiertas de estantes llenos de volúmenes recubiertos de ese brillante papel de celofán con que están forrados los libros franceses mientras esperan, generalmente durante largo tiempo, que los lleven al encuadernador. Aquí y allá había también interesantes retratos de escritores.”
Se trataba de La Maison des Amis des livres, "société de lecture", que había sido fundada en 1915 por Adrienne Monnier (1892-1955). (leer su Manifiesto -en francés, bien sûr-)
7 rue de l'Odéon-A monnnier Amante de la literatura, y de sus manifestaciones más audaces, Adrienne Monnier quería dar a conocer la Literatura moderna y había creado un espacio en la que se mezclaban las ventajas de una biblioteca y de una librería.
-“Este libro es mío y me gusta. Me ha costado mucho esfuerzo y dinero conseguirlo. ¿Te gustaría leerlo…? Pues págame un alquiler, o hazte socio, y te lo dejo unos días. ¿Que quieres tenerlo…? Espera, que miro si tengo otro ejemplar y si no, te lo pido.”- Algo así es lo que debía pasar en esa estupenda librería -ahora es cuando La bibliotecaria,o sea la que suscribe, se muere de envidia- donde Adrienne Monnier aconsejaba a sus visitantes, organizaba conferencias y sesiones de lectura con conciertos de Erik Satie… y consiguió convertirse rápidamente en lugar de reunión de la vanguardia literaria francesa. Paul Valéry, Georges Duhamel, Jules Romains, Léon-Paul Fargue, Paul Claudel –hermano de Camille-o el joven Louis Aragon -aunque Adrienne no llegó nunca a compartir el espíritu revolucionario de los surrealistas- eran visitantes habituales.
Hoy no encontraras la fachada gris de La Maison des amis des livres. Su lugar lo ocupa una cara peluquería.
7 rue de l'odeon-adrienne monier
7 rue de l'odeon-2009-Pero despeinada y todo, Adrienne debió causar una fuerte impresión en Sylvia:
“Adrienne Monnier era una mujer robusta, rubia y blanca como una mujer escandinava, de mejillas sonrosadas y pelo lacio peinado hacia atrás desde la frente. Sus ojos eran muy llamativos, de un azul gris indefinido, ligeramente saltones, recordándome a los de William Blake, y su aspecto era  el de una persona llena de vida.”
Adriene monnier
El caso es que Adrienne le acogió como ella solía hacer: bien. Y hablaron de libros, de librerías y de sus cosas, supongo, y Sylvia pensó en copiarle la idea, trasladándola a Nueva York, donde quería abrir una sucursal.
Pero la primera impresión se convirtió en amor y Sylvia cambió de idea. A Adrienne no le importó nada que Sylvia se quedara en Paris –por decirlo de algún modo- y le ayudó en un nuevo proyecto: abrir en Paris una librería especializada en autores en lengua inglesa. El nombre estaba claro: Shakespeare and Company. Sólo faltaba el local y Adrienne Monnier lo encontró.
En el nº 8, rue Dupuytren –muy cerquita de la rue de l’Odeon- se alquilaba un local que había sido ocupado por una lavandería. Como si fuera un presagio, Sylvia recuerda que quedaban restos de un antiguo cartel en el que se leía “gros et fin”, significando que lavaban todo tipo de tejidos, y que “Adrienne, que era bastante gruesa se colocó debajo de la palabra “grueso” indicándome que me pusiese debajo de “fino”, comentando “Así somos tú y yo”.
Ahora Sylvia sólo necesitaba dinero y eso fue fácil. Escribió un telegrama a su madre: ”Abro librería en París. Por favor envía dinero”. Y ella –su madre- le mandó enseguida todos sus ahorros. –Para morirse otra vez de envidia, ¿o no?-. “Convertir mi local en una librería  fue algo muy divertido”, añade Sylvia; y no me extraña, ya me gustaría a mí. “En lugar de fijar una fecha para la apertura de mi librería, decidí simplemente abrirla tan pronto como estuviera a punto”. Eso fue el 19 de noviembre de 1919. Entonces Sylvia Beach no sabía el provecho que iba a obtener a causa de la rígida censura que existía al otro lado del océano. Sorprendentemente, la noticia de la aparición de Shakespeare and Company se había difundido tan rápidamente por Estados Unidos que su librería era lo primero que buscaban los americanos que, como peregrinos, llegaban a Paris. Pronto se encontraron allí Gertrude Stein con su inseparable Alice B Tocklas, Sherwood Anderson, Robert McAlmond, William Bird, Ernst Hemingway, Scott Fitzgerald y el compositor George Antheil.
El éxito había sido inmediato, pero aún faltaba por llegar el acontecimiento que llevaría a Sylvia Beach y su librería a ocupar una página importante en la historia de la literatura: la publicación de un libro fundamental en lengua inglesa: El Ulysses, de James Joyce.
sylvia Beach-8 rue dupuytren 
adrienne monnier (dcha), silvia beach y joyce (g_freund)
La historia bien merece más espacio y dedicación, pero aquí estamos hablando sólo de dos libreras y una calle. Porque Sylvia Beach dejó el local de la calle Dupuytren y se trasladó en 1921 al nº 12 de la Rue de l’Odéon, en la acera de enfrente de la librería de Adrienne Monnier, que, por cierto, se encargaba de organizar la traducción francesa de la obra de Joyce.

12 rue de l'odeon-shakespeare and company- Silvia Beach
12 rue de l'odeon-shakespeare and company-2009-1915Odéonia, como llamaba Adrienne a la rue de l’Odéon, albergó también, en el nº18, el hogar de la pareja hasta su ruptura en 1937.

Ni Adrienne ni Sylvia entraron en detalles acerca de su relación y los aspectos íntimos de su relación siguen bajo el velo de discreción que les caracterizó. Se sabe que Adrienne había tenido relaciones anteriores y vivía con Suzanne Bonierre cuando conoció a Sylvia Beach. Sylvia se confió a sus hermanas, sobre todo a su hermana Elleanor –que también se cambió el nombre, haciéndose llamar Cyprian, y era lesbiana-.

En 1937, Sylvia Beach regresó a Estados Unidos por primera vez zen veintidós años, para celebrar el cumpleaños de su padre, que cumplía ochenta y cuatro años. Cuando regresó a la rue de l’Odéon, tres meses después, descubrió que la fotógrafa alemana Gisèle Freund, la había sustituido en el apartamento de Adrienne. A los pocos días de su regreso, Sylvia se trasladó al altillo de Shakespeare and Company. Y aunque siguió compartiendo con Adrienne y Gisèle las comidas, y la relación profesional se mantuvo, su larga vida en común había terminado.

La librería se cerró definitivamente en 1941, después de negarse Sylvia Beach a venderle a un oficial alemán una copia del Finnegans Wake de Joyce. Algo más tarde la librera y editora era detenida por los nazis y recluida unos meses en Vittel. Después de la guerra, Beach no volvió abrir su negocio. Pero siguió viviendo en la rue de l’Odéon, en el nº 12.
12 rue de l'odeon-shakespeare and company-2009
Hoy tampoco encontrarás allí ningún recuerdo de su presencia, aunque la librería Shakespeare and Company sigue siendo una de las más famosas del mundo y lugar de peregrinaje entre turistas –enterados o despistados-.
La actual librería de nombre Shakespeare and Company se encuentra en el nº 37, rue de la Bûcherie. Fue en los años 50 cuando George Whitman tomó el testigo y abrió su librería frente a Nôtre Dame, animado por su amigo Lawrence Ferlinghetti, otro mítico librero de San Francisco, el alma de City Lights.
Por aquí pasaron Henry Miller y Anaïs Nin, Sartre y Simone de Beauvoir, Lawrence Durrell y Burroughs, que conoció en la librería a uno de sus novios, Gregory Corso, que robaba libros, Jack Kerouac y otros y otras.
Al principio la tienda de George Whitman se llamó The Mistral, pero a mediados de los 60, cuando el local ya era el centro del peregrinaje artístico y literario estadounidense en París, rebautizo su librería para rendir homenaje a William Shakespeare y a Sylvia Beach, que había sido visitante de la casa. O eso dice. Yo creo que fue un listillo y que sin duda es un punto interesante de reunión y un lugar de visita,en el que han dormido y tomado el té incontables aspirantes a escritores, políticos, filósofos, poetas y cineastas… pero no es la misma Shakespeare and Company, no, no, no.
Paris 2009 623
Y para acabar la historia:
En 1956, Sylvia Beach escribió Shakespeare and Company, libro de memorias de entreguerras que detalla la vida cultural del París de la época, de donde he extraído los textos.
Sylvia Beach murió en 1962 en París. Está enterrada en el cementerio de Princeton –EEUU-.
adrienne monnier 2 (por gisele freund)Adrienne Monnier dirigió una revista, Le navire d'argent, en la que publicó, con su proverbial generosidad, a todos los escritores que amaba. Fue en esa revista, por ejemplo, en la que Saint-Exupéry publicó su primer texto literario.
Adrienne Monnier también nos ha dejado sus recuerdos de librera y un pequeño volumen de poemas que, a pesar del entusiasmo que provocó en Valery Larbaud, permanece como uno de los capítulos mas desconocidos y solitarios de la poesía francesa de la primera mitad del siglo XX.

Adrienne Monnier se suicidó en 1955, tras una larga y penosa enfermedad que le afectó al oído interno.
(Adrienne Monnier, fotografiada por Gisèle Freund)

A Sylvia Beach

© Adrienne Monnier
Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán
¡Te saludo, oh mi hermana nacida allende el mar!
He aquí que mi estrella se juntó con la tuya,
No fundida en el fuego del primitivo sol,
Mas viva, exacta y nueva en su gracia extranjera,
Pródiga de tesoros que recogió en su curso.
Atenta a las promesas que en los ojos del hombre
Escribe nuestra Madre, cantaba, solitaria,
El brillo y el oriente de diamantes y perlas.
Ocultaba en mi pecho como un pájaro frágil,
La esperanza medrosa que se nutre de mieles.
Consagraba al pudor, cruzados lienzos blancos,
La conciencia naciente bautizada con llantos.
¡Gracias a ti, oh hermana, puedo escapar, ahora,
A esos tormentos, a esas miserias y pesares!
Recobro ya mis fuerzas, y si amo la Noche,
Si escruto todavía sus últimos terrores
Es para madurar la paz de un día postrero.
Ya nos ve Mediodía una frente a la otra
De pie en nuestros umbrales, al borde de la calle,
Suave río de sol que tiene en sus riberas
Nuestras dos Librerías.
Tras la labor levanta Mediodía tus manos
Y las mías, es hora de almuerzo y de silencios,
Y aviva los destellos, en las señas que hacen,
De la llama que esconden aún nuestros países.
A Sylvia Beach
Je te salue, ma Sœur née par-delà les mers !
Voici que mon étoile a retrouvé la tienne,
Non pas fondue au feu du soleil primitif,
Mais vive, exacte et neuve en sa grâce étrangère,
Prodigue des trésors amassés en son cours.
Je chantais solitaire, attentive aux promesses
Que notre Mère écrit dans le regard des hommes,
L'éclat des diamants et l'orient des perles.
Je cachais en mon sein, comme un oiseau fragile,
Le bel espoir craintif qui se nourrit des miels.
Je vouais aux pudeurs, linges blancs et croisés,
La naissante pensée qu'on baptise de pleurs.
Je me sauve, à présent, oh ! ma Sœur, par tes soins,
De ces tourments, de ces regrets, de ces faiblesses !
La force me revient, et si j'aime la Nuit,
Si j'interroge encor ses dernières terreurs,
C'est pour mûrir la paix d'un jour définitif.
Déjà, Midi nous voit , l'une en face de l'autre,
Debout devant nos seuils, au niveau de la rue,
Doux fleuve de soleil qui porte sur ses bords
Nos librairies.
Midi lève nos mains, déliées du service,
Pour l'appel des repas, pour le temps des silences,
Et fait étinceler, sous le jeu de leur signe,
La flamme encor cachée au cœur de nos pays.
 AM01 Sylvia Beach y Adrienne Monnier
Fuentes bibliográficas:
  • BENSTOCK, Shari, Mujeres de la “Rive Gauche”: Paris 1900-1940, Editorial Lumen, 1992
  • BEACH, Sylvia, Shakespeare and Company, Ediciones de Nuevo Arte Thor, 1984
  • MONNIER, Adrienne, Rue de l’Odéon, Paris, ed. Albin Michel, 1989
  • FLANNER, Janet, París era ayer (1925-1939), Alba editorial, 2005

libros-monier-beach (Texto y montajes fotográficos: Mercedes García Bravo)

sábado, 22 de mayo de 2010

La place Michel Debré - Paris 6e

   Conocido como  carrefour Croix Rouge, este cruce de caminos se convirtio en la Place Michel Debré el año 2006. Es el punto del que parten o al que llegan las calles du Cherche Midi, de Sèvres, du Vieux Colombier que lleva a la rue de Rennes y la place Saint Sulpice, du Dragon , Du four, etc...
   Siguiendo el paso de tantas mujeres que habitaron el barrio de Saint Germain, antes o despues te encuentras con el Centauro, una obra del escultor argentino César  -César Baldaccini-, de quien toman el nombre los celebres Premios César  de cine. La escultura, de 5 mts. de altura, fue instalada en 1985 y domina el angulo formado por de la rue de Sèvres y la rue du Cherche Midi.

domingo, 5 de abril de 2009

Mujeres de la « Rive Gauche»

Mujeres de la « Rive Gauche»
Shari Benstock
Traducción de Victor Pozanco. Lumen. Barcelona, 1992. 600 páginas, 4.600 pesetas
Crítica literaria de RAFAEL CONTE- Aparecida en ABC literario (s/f- ¿1992?-)
"HACE un par de años, en esta misma editorial y colección se publicaba el espléndido trabajo de la profesora norteamericana Noel Riley Fitch sobre "Sylvia Beach y la generación perdida», en el que, con aplastante documentación y buen estilo narrativo. se nos iluminaba la parte más cotidiana y casi periodística de ese brillante momento de la literatura anglosajona contemporánea que del lado norteamericano se conoció por el apelativo citado -«generación perdida»- y del británico se ha inscrito en el amplio movimiento que ellos denominan «modernismo». El libro se centraba en la biografía de Sylvia Beach, la librera y editora norteamericana que fundó y dirigió en París desde 1919 hasta finales de 1941. en plena guerra mundial, la librería «Shakespeare and Company», en la calle del Odéon -tras un principio cercano, en la calle Dupuytren-, que fue la benefactora de Joyce, quien primero publicó «Ulises», y gran protectora y animadora de los grandes escritores de aquella generación, junto a su amiga y compañera la escritora, editora y asimismo librera francesa Adrienne Monnier, propietaria de otra librería, situada en la misma calle y casi enfrente, «La Maison des Amis des Livres».
Este libro que ahora aparece de la profesora, asimismo norteamericana, Shari Benstock, «Mujeres de la "Rive Gauche" (París, 1900-1940)», insiste en el mismo paisaje reduciendo notablemente sus límites y personajes, aunque también profundizando considerablemente en su metodología. El libro de Riley partía de un personaje fundamental, la propia Sylvia Beach y sus dos grandes acompañantes, Adrienne Monnier y James Joyce, mientras el resto -la miríada- de las ilustres figuras, aunque bien descritas, se trataban como en escorzo, y en todo caso se trataba de un libro historicista y culturalista, bien que magníficamente escrito, como un gran reportaje. Por el contrario, el de Benstock elige nada menos que veintidós protagonistas, otras tantas mujeres que escribieron o publicaron durante aquellos años en la capital francesa, y que fueron, bien eficaces comparsas del modernismo inglés y la generación perdida norteamericana, bien protagonistas de pleno derecho en ambos movimientos. Y, al mismo tiempo, este libro se pretende de crítica literaria, aunque al emplear una metodología más concreta -la de los estudios feministas- resulta ser más de crítica histórica, psicoanalítica, sociológica y cultural que literaria en suma.
Muchos de los nombres de las protagonistas apenas dirán nada al lector español no especialista, mas no hay que asustarse ya que tampoco aparecen estudiados en profundidad, como son los casos de Margaret Anderson, Kay Boyle, «Bryher», Caresse Crosby, Nancy Cunard, Jane Heap, Maria Jolas, Mina Loy, Solita Solano o Renée Vivien. Sorprende que otras de estas figuras, como la de la periodista Janet Flanner, reciba tan detenida atención, un capítulo completo, más que la concedida, por ejemplo, a Anais Nin o Jean Rhys, de mayor importancia creadora. Las verdaderas protagonistas del libro son sin duda, por orden cronológico, Edith Wharton, Natalie Clifford Barney, Gertrude Stein -con el apéndice de Alice B. Toklas-, Djuna Barnes, Hilda Doolittle, las dos libreras citadas, Beach y Monnier, y la francesa Colette. Y hay que hacer constar que los estudios dedicados a Wharton, Barney -verdadera sacerdotisa del feminismo lésbico, dueña de una gran fortuna, que escribía en francés versos hoy bastante superados-, Stein, Barnes y Doolittle son espléndidos, lo que en el caso de esta última -la «H. D. imagiste», que descubriera Pound, cuyo prestigio se ha afianzado en los últimos tiempos de manera espectacular- constituye un verdadero tesoro para el lector español preocupado por la poesía de nuestro siglo.
Tras repasar la lista, se verá que el denominador común que todo lo unifica es el del feminismo, y no solamente eso, sino, dentro de él, el feminismo lésbico, ya que trece de los nombres propuestos eran lesbianas, desde las más provocadoras y apologéticas -como Natalie Barney- hasta las más dolorosas -Djuna Barnes-, o «normalizadas» y estables, como Gertrude Stein y Toklas o las dos libreras de la calle del Odéon. Sorprende la ausencia de un nombre como el de Radclyfe Hall, la célebre autora de «El pozo de la soledad», que es eliminada casi de un plumazo por ser una mujer homosexual «masculinizada», pero se explica la de las francesas «Rachilde» o Noailles, básicamente heterosexuales, lo que asimismo choca con la presencia de Colette, que, si bien lo hizo en algún momento de su vida a derecha e izquierda, también lo fue (hetero) de manera radical. Pero esta presencia viene impuesta por la importancia radical de la novelista francesa en la historia y en la literatura, y hasta en la evolución del feminismo en nuestro siglo, aunque sin duda rompe la homogeneidad del grupo elegido, básicamente anglosajón. En realidad, también Gertrude Stein es parcialmente rechazada por la «conyugalidad» de su lesbianismo, aun reconociendo el gran valor de sus aportaciones literarias dentro del modernismo anglosajón. Y de hecho, otras escritoras más o menos heroicas como Nin y Rhys, poco o nada tuvieron que ver con el resto del grupo ni con el feminismo en general, Edith Wharton -la gran discípula de Henry James- fue un gran modelo burgués para la novela norteamericana de la época, y hasta la genial Djuna Barnes, tras escribir el doloroso y magistral testimonio de «El bosque de la noche», decepcionada de todo, se refugió en la soledad y la misantropía al final, durante más de cuarenta años.
El libro rechaza de plano figuras y obras como las de Ezra Pound o Marcel Proust -homosexual vergonzante en opinión de la autora- o apenas roza otras como las de André Gide, Pierre Louys -autor erótico a quien se califica, con manifesto error, de homosexual a su vez- o Rémy de Gourmont, el gran crítico francés tan admirado de Pound, que tan estrechas relaciones literarias mantuvo con Natalie Barney, a quien dedicó sus «Cartas a la Amazona». El ataque contra lo que aquí se denomina «cultura patriarcal» es tan constante y obsesivo que, al final, el método del libro resulta perfectamente reduccionista. Un ejemplo extraído del ataque a Ezra Pound en la página 49: «Más importante que especular acerca de quien tenía un ojo crítico más certero es percatarse que las relaciones de Pound con las mujeres eran difíciles y tensas». O cuando se señala que el mismo Pound es recordado «por sus importantes aportaciones literarias», mientras que la de «las mujeres modernistas ha sido ignorada y subestimada». Vaya por Dios, si esto es crítica literaria que baje y lo vea.
El feminismo ocupa un lugar importante dentro del pensamiento contemporáneo, pero la crítica literaria inspirada en él, preferentemente francesa y norteamericana, todavía no, quizá por su tendencia a autoconsiderarse como un método totalizador, que puede dar razón de todo. Su testimonio, liberador y hasta revelador de obras y figuras importantes, es muy estimable, pero en ocasiones cae en excesos discutibles. Si el feminismo no da razón de toda la realidad -en todo caso sólo podría darlo de su mitad- el feminismo lésbico todavía puede ser más reductor si se emplea con tal espíritu «evangelizador» y revanchista, de la misma manera que si existe una estética «de lo» homosexual en el terreno masculino, sus extrapolaciones conducen a extravíos más espectaculares y divertidos que certeros. Estos caminos, fértiles en cuanto revelan zonas poco explotadas -por demasiado explotadas, silenciadas y alienadas- de lo real, no pueden ser transitados, por su propio bien, con espíritu tan vindicativo. "
RAFAEL CONTE- ABC literario (s/f)

sábado, 4 de abril de 2009

Sylvia Beach y Adrienne Monnier, las libreras parisinas más comprometidas


Se convirtieron en importantes promotoras de la literatura en el París de los años 30, algo que casi les condujo a la ruina. Financiaron numerosas revistas de vanguardia y, gracias a su apoyo económico, el escritor James Joyce pudo sacar adelante el "Ulises", su obra más representativa


PRIMERO PRESTABAN LOS LIBROS Y, SI EL LECTOR QUEDABA CONFORME, se los vendían. Además, habían leído y podían recomendar todos los textos de los estantes. Eran Sylvia Beach y Adrienne Monnier, las libreras que hicieron por unir Francia, Estados Unidos, Irlanda e Inglaterra más que cuatro embajadores juntos. Las llamaban "embajadoras de las letras" y vivieron en París en los años de su esplendor, cuando era la meca de los escritores que llegaban de diferentes países buscando un medio cultural y un espacio permisivo.
Ambas mujeres se conocieron en París, aunque Sylvia había nacido en Baltimore. Su padre era pastor de la Iglesia Presbiteriana y la familia, muy mal avenida; no era un buen refugio para la muchacha. La madre, en cambio, amaba la literatura, viajaba permanentemente a Europa para alejarse de su esposo y recomendaba a sus hijas que no tuvieran contacto con hombres. Así, el carácter de Sylvia fue producto de la lucha de valores de sus padres: de su madre tomaría la idea de que debía pelear por su propia satisfacción y la necesidad de apoyar las artes y, de su padre, la entereza para tomarse cada aventura como si fuese una cruzada personal. Este carácter la llevó a colaborar en Serbia can la Cruz Roja durante la I Guerra Mundial y a convertirse en librera sin conocer el oficio.
Allí Sylvia conoció a Adrienne Monnier, cinco años menor, pero mucho más culta y cono-
cedora del medio. Ambas tienen librerías, una enfrente de la otra; en la Rue de l'Odéon, en la Rive Gauche, la célebre margen izquierda del Sena, poblada por intelectuales y bohemios que, entre 1921 y 1937, fue La "Rive Gauche", en París, fue el refugio de la experimentación literaria. La librería de Sylvia sería la mítica "Shakespeare & Co", la de Adrienne se llamaba "La casa de los amigos del libro".
Eran espacios de encuentro donde los jóvenes artistas de diferentes países podían sentarse a leer un libro, debatir sus estéticas y trabar amistad; allí, las mujeres de la época -cansadas de la cultura masculina-, encontraban también un lugar donde reunirse. Informales, generosas e inteligentes, las dos libreras fueron un eje en el movimiento literario de la época.
Lo que comenzó como una colaboración amistosa se convirtió en amor, y se fueron a vivir juntas. Eran complementarias pero muy diferentes. Sylvia era intuitiva y Adrienne práctica; la primera representaba el mundo anglosajón, la segunda el francés. A veces financiaban revistas de vanguardia, y no se debe pensar en ellas como simples mediadoras de la cultura sino como auténticas promotoras. Y fue esta generosidad la que casi las llevó a la ruina.
Todos conocemos el nombre de James Joyce, pero es posible que no hubiera llegado hasta nosotros su obra si no hubiera sido por el esfuerzo de estas dos mujeres.. Sylvia editó el "Ulises", que entonces nadie quería, y adelantó dinero a Joyce durante casi 10 años.
Cuando se hizo famoso, dio su obra a otro editor y colocó en apuros económicos a quienes lo habían lanzada con tanto desinterés. Al llegar la guerra, un oficial nazi quiso comprar el único volumen que Sylvia tenía de un libro de Joyce y, ante su negativa, las amenazó con requisarles los libros, hecho que las obligó a esconderlos. Luego Sylvia estaría presa dos años en un campo de concentración. La larga relación que mantenían se deshizo y, tras una penosa enfermedad, Adrienne Monnier se suicidó en 1955. En cambio Sylvia viviría hasta 1962.

Clara Obligado
http://www.mhmujer.com/
Mujer de Hoy
22/28 septiembre 2001
p.55
ISSN 1.576-6047


¿QUÉ PASABA ENTONCES?-La “Rive Gauche”, en Paris, fue, antes de la II Guerra Mundial, un lugar legendario donde convergían artistas de las más diversas nacionalidades. Muchas mujeres, disconformes con el sistema patriarcal, buscaban un espacio donde expresarse.
- Muchos escritores americanos vivieron durante estos años en París, no sólo por la libertad de costumbres y actividad artística, sino también porque se podía vivir con menos dinero.

Si te interesa, puedes leer:
"Mujeres de la Rive Gauche, París 1900-1940", de Shari Benstock. Editorial Lumen. Barcelona.
Ver:
"Paris era mujer"